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Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura latinoamericana

Seol, por Isabel Guerrero

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  no hay belleza que sostenga  el poema  sin ser antes sacrificio de los dioses    una bala impacta alguien muere  un poema vacío se derrite en su rostro para inmortalizar la soledad    el tiempo se paraliza  y el verso no es más que una mueca rajando la carne    un abismo que destiñe la sangre  para cercenar la boca    es grieta que cae    un cuerpo vacío que trenza la lengua hasta clavarla en una viga    -no hay razón que se sostenga en los ojos del poema-    el poeta es sólo una mancha  destinada por siglos al fondo de la tierra  * desperté nadando en la misma casa  donde gallinas desolladas por el hambre  olían a posibilidad    enredada a las partes adornadas del cascarón  sentí los días  penetrando fuerte  en cada una de las latitudes  de la infancia  olor a tierra comido por el metal  que siempre faltó para nutrir los poros...

Pensarnos desde la her(ida), por Margarita Bustos Castillo

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  Ausentes La palabra no concibe decir lo que los ojos han visto la palabra se calla miedo bajo la piel respira por boca de lobos capturan la memoria y acontece una noche los cuerpos ausentes. Murió pronunciando su nombre es el fin del mundo y no me moriré contra nadie más bien el humo tus manos abiertas con el mar dentro de la boca pulsaciones de sal(muera)                                   y una mentira entrando por todas partes,                                   su espuma y los crujidos bajo la piel. La palabra no concibe decir lo que los ojos han visto a fin de cuentas, maletas sombrías ovillan la tarde a fin de cuentas, los cuerpos nunca volvieron y sus voces, a fin de cuentas. No sabemos de qué se trata esta historia yo ya no existo y el despojo a la espera del quinto mandamiento...

Gramática de los cielos, por Jorge Valbuena

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  Epifanía del cactus Todas las salidas están desafinadas infectadas de olvido. Música de ahogo brota entre los candiles. Milagros del silencio celebran el espanto. * Trilogía de Altamira I Por no poseer barcas ni apellido de Noé los hombres naufragaron en medio de las cuevas Pigmentos de ahogo y soledad pintaron animales elevándose hasta el mar que cubría el cielo con las rocas Allí flotando en el olvido salvaron las especies de otras orillas sin rumbo II El hombre que pintó las cuevas de Altamira iba en busca de alimento El hombre que las descubrió iba en busca de su perro el perro que se mordió iba en busca de la tarde III Una niña en 1879 mientras su padre buscaba tesoros en el suelo le avisó: ¡Papá, mira esos toros hundiéndose en el aire! * Ángeles de hormigón Hay una silla en la plaza a la que vuelvo la mirada y la siento frente a mí en el recuerdo que allí permanece empozado una gran estela de musgo y siemprevivas han crecido            ...

Veintiún haikus para el regreso de la primavera, por Eduardo Alvarez Sánchez

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  III Somos hormigas dueñas de cada paso en tierra de nadie IV danza huracán con árboles meciendo niños por dentro VII valle de ánimas tu mirada en quietud mueve montañas X florece muña semilla que anida cielo en la tierra XII ¿qué más hijo que el propio cuerpo atado por fuera y por dentro? Veintiún haikus para el regreso de la primavera, Eduardo Alvarez Sánchez (2021) Galia Tapia, diseño e ilustración (Bolivia)

En nombre de ninguna, Rosabetty Muñoz

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  Mi madre borda en el extremo de la mesa pronunciando frases apocalípticas. Señala, con aguja acusadora, todo lo que se nos viene encima. A dos manos protejo mis oídos pero los letreros luminosos zumban instalándose en el pueblo, el estruendo de las risotadas en la televisión, la basura acumulada en los caminos vecinales, vísceras de animales cuelgan de los cercos. Mi madre ahora mueve la cabeza lado a lado reprobando. Dice que nos encaminamos al fin. * En nombre de ninguna Se suceden en procesión hacia el altar de la sangre estas jovencitas con sus crías en bolsas negras. Hay otras debajo de las tablas del piso y enterradas con las flores del jardín. En pecado mortal están las hijas de la patria. Actúan ellas en nombre de ninguna. * La sombra de la hija La sombra de la hija va cosida al costado y murmura que nadie se muere la víspera. Su ácida compañía es oleaje en el mar espeso y opalino de la sangre. Repite también que es falta grave no dedicarse al amado, abandonarlo en su ser...

Fragmentos en el aire, Ada Zapata Arriarán

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            Nadie viene                               nadie ha de venir los perros                     en la acera                               jugando           en la basura           nadie viene la noche               se incendia               al revés *          Eres feliz          no te das cuenta          eres feliz nadie está aquí porque quiere               todo se repite en tu nombre     sólo por la niebla           ...

Geometrías de la tristeza, un arraigo a la vida real

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  Escribimos para construir textos que, en su generosidad, nos construirán a su vez a nosotros mismos. Fabio Martínez Maldonado nos acerca su nuevo libro, Geometrías de la tristeza , con la brutal entrega amorosa de quien otorga a la poesía una parte de su alma. La geometría, como método, nos habla de una forma determinada. La forma en la que Fabio intenta determinar una tristeza inabarcable, como es la muerte. No se detiene en su palabra para analizar, ni para remediar, ni para dar sabios consejos sobre el qué hacer frente al desarraigo y la mutilación que la muerte nos provoca. Al contrario, elige suspenderse en la incertidumbre, en la duda, en la absoluta confusión que los sentidos padecen, en las nuevas observaciones que la vida brinda cuando se la arranca de cuajo.  "Ahora /solo hay tierra/cada molécula/cada límite físico/es tierra/su primer nombre/es tierra/mi segundo nombre/una herida".  "Las horas/se fabrican cortas,/quizá/los días venideros/no vengan/si es así/...

Las Malas Compañías de Oscar Puky Gutiérrez

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  El poeta renace para contar los paisajes que lo han sublevado. Abre el caleidoscopio del alma, y convida sus pedacitos de palabra para alcanzar algún grado de luz. El ejercicio sintético del lenguaje en la poesía, brinda al escritor el mejor camino del decir: el todo por su espacio más breve, el todo por su imagen más precisa. Oscar Puky Gutiérrez, nacido en la fantástica Bolivia, es un gran hurgador de luces. Así nos presenta su nuevo libro “Malas compañías” (Editorial Bukowski, 2021), como una cucharada de sopa caliente, como un animal manso y herido que ha dejado de lamer la tristeza, ese cándido resguardo, y afronta, como verbo en acción activa. “Bienaventurado sea el poeta que deambule por el asombro/que comparta domicilio junto al fuego/y que produzca así una sonrisa/esa noble cicatriz/que acaso/-en la noche de los tiempos-/(recién expulsados del Edén)/fue de Adán para Eva/el primer poema”. Deambular, compartir, producir. Hacer y hacer. La poesía de Puky es un verso d...

La edad de la inocencia, la enfermedad que todos deseamos

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Aldo Pellegrini asegura que la poesía tiene una puerta cerrada para los imbéciles, y abierta para los inocentes. No posee cerrojo, aclara, pero la posibilidad de encontrar la apertura de esa puerta depende de quién ejerce el acto de intentar abrirla: si se trata de un imbécil, dícese de aquel que posee una aspiración sistemática al orden, o si se trata de un inocente quien, asegura Pellegrini, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos. Es en ese sentido que la poesía de Juan Coronel y Javier Galvagni ejecuta su único acto de inocencia. Luego, llegarán con sus palabras para golpear desde el hondo camino de la juventud del conurbano que elige el lenguaje, que se apropia del mismo, para poner en el juego la piedrita de su particular observación.  ¿De qué habla la poesía que huele a Ceamse? ¿Es posible que la poesía huela a Ceamse? ¿Cómo se presenta la síntesis poética en los ojos del que pasa su tiempo entre el trabajo y el colectivo que lo lleva al trabajo? La enfermedad que...

El derecho a transitar el Mientras Tanto

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Otra vez en la barra acodado, pero de pie para escribir y renacer en el arte de recomenzar que es respirar entre sorbo y sorbo atado al beso anterior, sí pero saboreando (ya) el después. Mientras tanto: Por favor te pido otra negra.     Ezequiel Wolf apunta alto. Dice desde el título de su libro nomas, una incomodidad. Mientras Tanto. No dice ahora, ayer o mañana. No hay punto de partida ni de llegada, todo es el pasaje, el puente. Atemporal lo suyo, en épocas donde lo único que se reclama a gritos es el equilibrio de dos puntos: inicio y fin, y a cantarle a Magoya por lo que quede en el medio.   El medio, para Ezequiel, es la palabra. La palabra escrita o hablada en radio, la palabra como anzuelo y pez, como poesía y como aullido sordo. Sabe Ezequiel que, precisamente por ese poder que le damos a la palabra, la transformamos en la mentira que mejor nos abrigue. Y no es eso lo que él quiere. No es muchacho de mentiras. Entonces va el poeta y le arran...

El Cristo roto, una blasfemia milagrosa

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    El Cristo roto, la nueva novela de Marcelo Rubio, es un ejercicio delicado sobre el cómo desarrollar una historia interesante en una síntesis exacta. No hay imágenes de más, no toda la información será dada al lector (una confianza hacia nosotros que debemos agradecer), las bondades y sus reversos no son absolutos. Las apariencias de cada personaje no son más que máscaras que representan ese extenso carnaval que es la convivencia en un pueblo pequeño, con acciones pequeñas, con universos definidos, con secretos profundos. Nada que envidiar a las grandes ciudades, solo que en la inmensidad de individuos, esas grandes tragedias escondidas en la máscara logran disimularse mucho mejor.   Si la idea de una historia que acontece en un pueblo nos remite a cierta literatura específica (como Osvaldo Soriano), Marcelo Rubio encuentra otra posibilidad, más cercana a la poesía, a la construcción poética del pensamiento interno; reafirmando desde la belleza las rabias de un ...

Lo que trae la niebla, y lo que deja el agua

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  Un boxeador “fantasma” y un periodista en transición a lo fantasmal.   No hay camino más fuerte hacia el desvanecimiento, que la pérdida del trabajo.   Y este periodista está a punto de saberlo, a menos que encuentre y le realice un reportaje  a Ruiz, el hombre que peleó con Alí y luego escondió su vida en el pueblito Laguna Profunda, donde, a pesar de su nombre, ya no hay agua.   Sí hay conejos. Muchos conejos. Tantos conejos que son (casi) el único alimento del pueblo y moneda de cambio. Parte de un sistema económico fantástico que incluye sauces que lloran con las lágrimas de una mujer y haikus escritos en fósforos por un comisario poeta.   La novela de Marcelo Rubio, “Lo que trae la niebla”, encuentra en la belleza de su construcción poética un delicado ejercicio de reflexión íntima y simbólica. La posibilidad de lo fantástico es aquí una necesidad, como lo es el extrañamiento a la poesía. Lo que se describirá excede la composición...

Julieta y Julieta, las formas de escribir el horror

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  Es cierto lo que dice mi amiga Marcela. Lo primero que debe contar esta reseña es el acto de la lectura. Día frío, café con leche en un bar, y los primeros capítulos. Disponerse a leer en un bar es, también, disponerse a leer poco, entre el ruido; o leer mucho, entre la música que pueda salir de un auricular. Pero, lo cierto, es que nadie se queda leyendo un libro de casi 300 páginas con un solo café con leche. Hay una disposición del lector a que esa lectura sea, de alguna forma, breve. Se tomarán notas, si es necesario, pero se levantará el cuerpo del bar y se saldrá con el libro adentro del bolso y la vida continuará su historia. Nada de esto fue posible.  Julieta es Julieta, pero también es su propia amiga imaginaria. Esa "otra" Julieta, la que va relatando la historia, es una voz subyugante, por si hiciera falta más aún dentro de la novedosa selección de la voz narrativa. Julieta es una niña, y su amiga imaginaria, nuestra cómplice, también. Hasta ahí llegó el café con...