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Osamenta y patria, la distopía que supimos conseguir

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  "Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos. La República puede estar dividida hondamente en partidos internos; pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros". El entonces presidente, Nicolás Avellaneda, pronuncia este discurso en 1877. A los tenedores de bonos, lealtad; al pueblo, hambre y sed. En ese mismo año, se dará fin al intento creativo de cavar una zanja como "muralla china invertida" para integrarle un límite físico al enfrentamiento con los pueblos originarios. Ese es el punto que elige el dramaturgo y director, Andrés Binetti, para montar un escenario fantástico en todas sus acepciones. La carga lingüistica de una antropóloga que, antes de comunicar, se relame en su len...

La lechera, una sola forma del amor

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  En un fantástico ejercicio de ternura, la dramaturgia de Carlos Correa con puesta en escena y dirección de Silvia Piccoli, nos embarca en las múltiples formas conocidas de aquello que llamamos amor. Dos paisanos, interpretados de forma maravillosa por Gustavo Calanni y Luis Gec, comparten sus certezas adquiridas sobre la mejor manera de cuidar una vaca. Un pájaro pícaro y donjuan — con la increíble representación de Verónica Calderón— es la voz discordante, la ausente del deseo de transformarse en propietario de ningún cuerpo.  Para hablar de dominio, la voz oculta del dominado se oye en su silencio. Aquí, la propiedad privada muge; y es en esa representación en otra especie donde la palabra juega un rol delicado y fundamental. Nuestras formas del querer, tan envejecidas como cuestionadas, tan reivindicadas como protegidas, se aislan del amor, del real, del que nos permite reconocer en el otro a uno mismo en otro cuero, al decir de Atahualpa. Imagen tan sencilla que nos perm...

Todos los días desde ese día, el largo camino del presente

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  El tiempo es una medida extraña. Hace apenas unos momentos, todos estábamos jugando en algún patio de colegio. Hace apenas otros momentos más, nos sacudimos sobre un parlante al ritmo del tecno. Como sea, de la relatividad se ha hablado lo suficiente como para poder comprender que, muchas veces, el presente se transforma en algo estático, frágil de poseer. Todos los días desde ese día, obra de teatro escrita y dirigida por Lucila Garay, nos abre la puerta a un duro interrogante: ¿Cómo pasa el tiempo de una herida? ¿Cómo se mueve el tiempo sin reparaciones?  Desde una acción cotidiana, los personajes —muy bien interpretados por Tati Manzelli y Luciano Calegari— nos permitirán reflexionar sobre la inquietante impunidad sobre la cual se asientan cuantas violencias y tragedias cotidianas. No se habla de rencor ni de venganza, sino de ese agujero oscuro y profundo que es la ausencia de justicia. La herida abierta, sangra. No necesitamos cubrir la sangre con velos, sino todo lo co...

Con viento y marea, la tarea y el debate

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  La inefable Ley Bases que soporta este país, votada en impecable democracia, permite la "fusión o modificación de funcionamiento y rango" sobre los organismos de cultura. De inmediato eso puso en la mira a nuestros organismos de fomento cultural: el INCAA, la CONABIP, el INT, entre tantos. El Insitituto Nacional del Teatro tiene apenas 30 años, hijo de la Ley Nacional del Teatro, y vetado por el entonces presidente, tío de su sobrino, se impone su creación desde la resistencia de la comunidad teatral. Desde entonces hasta la Ley Bases, ha servido para fortalecer y propiciar el surgimiento de salas para el teatro independiente, ese pariente que se arregla (y hace uso y disfruta) con una carpa pero busca su propio cuarto. A diferencia de las consideraciones gubernamentales, el teatro independiente argentino sigue siendo el líder indiscutible hasta para Google y sus ránkings. Y esa propia existencia es un ejercicio indiscutible del resistir. Las acciones encuentran reacciones,...

AntígonaS, en el nombre de la Lealtad

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  No llorés más amarguras extraviadas/que en la ciudad corre sangre/derramada entre hermanos/Y mientras tanto a vos te acongojan/las percantas amuradas, los inútiles taitas/ No me hables del artista y de su ilusión de humo/Hoy tenés que tocar un tango enorme/que despierte la paz del cementerio. Toda demanda, es una demanda de amor. A la tragedia clásica de Sófocles, la dramaturgia de Jorge Huertas le alcanza un Buenos Aires herido y confuso; una tierra desconcertada. Polínices se pudre en la Plaza de Mayo, el río reclama su poder de muerte y el hombre que manda cree, con una escandalosa certeza, que el horror es la Ley y él, el Dios responsable de ejecutarla. Toda demanda, es una demanda de amor. Las hembras asaltan el escenario, todas las voces son alumbradas desde el cuerpo disputado que atraviesa el tiempo. El cuerpo descosido, el embalsamado, el cuerpo discutido desde el útero hasta la falda, el que amamanta sin alimento o con él, este cuerpo que resucita, lujurioso, y resucita...

Manuela Pedraza, la amante y su furia

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Ya casi está en la calle. Somos testigos del último delirio que Manuela Pedraza podrá tener bajo un techo alquilado. La desalojada de la historia cuenta permitiéndonos ver un pasado insistente, como los golpes en la puerta que anuncian el final. Manuela está en un vacío que cuece en fragmentos de ternura. Un mate caliente para José, su hombre, el soldado que hace de la guerra su único hogar y Manuela que acepta, que entiende, que es amante de su amor como de una patria que parece imposible de hacerse, que sigue aún hoy revisando remiendos. Los ingleses avanzan sobre esos pajonales que son Buenos Aires a principios de 1800. "La Tucumanesa" organiza a las mujeres que están a su alrededor para que intervengan. Las balas y el agua hirviendo caen sobre los cuerpos. El vientre de Manuela, intacto, es otra patria que reclama poblarse. Con dramaturgia de María Mercedes Di Benedetto, dirección de Silvio Gressani Acuña y la excelente actuación de Roxana Latronico; Manuela de furia y fu...

El error gay, por Manuel Puig

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  La homosexualidad no existe. Es una proyección de la mente reaccionaria. Lamentablemente, creo que en materia de sexo somos casi todos bastante reaccionarios: para nosotros la homosexualidad existe, ¡y cómo! Pero nos hacemos ilusiones, igual que los que creían que la tierra era plana. Me explico: estoy convencido de que el sexo carece absolutamente de significado moral, trascendente. Aún más, el sexo es la inocencia misma; es un juego inventado por la Creación para darle alegría a la gente. Pero solamente eso: un juego, una actividad de la vida vegetativa como dormir o comer, tan importante como esas funciones, pero igualmente carente de peso moral. Banal, moralmente hablando. Por lo tanto la identidad no puede ser definida a partir de características sexuales, ya que se trata de una actividad justamente banal. Los homosexuales no existen. Existen personas que practican actos sexuales con sujetos de su mismo sexo, pero este hecho no debería definirlos porque carece de significado...