Osamenta y patria, la distopía que supimos conseguir
"Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos. La República puede estar dividida hondamente en partidos internos; pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros". El entonces presidente, Nicolás Avellaneda, pronuncia este discurso en 1877. A los tenedores de bonos, lealtad; al pueblo, hambre y sed. En ese mismo año, se dará fin al intento creativo de cavar una zanja como "muralla china invertida" para integrarle un límite físico al enfrentamiento con los pueblos originarios. Ese es el punto que elige el dramaturgo y director, Andrés Binetti, para montar un escenario fantástico en todas sus acepciones. La carga lingüistica de una antropóloga que, antes de comunicar, se relame en su len...