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Mostrando las entradas de julio, 2026

Osamenta y patria, la distopía que supimos conseguir

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  "Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos. La República puede estar dividida hondamente en partidos internos; pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros". El entonces presidente, Nicolás Avellaneda, pronuncia este discurso en 1877. A los tenedores de bonos, lealtad; al pueblo, hambre y sed. En ese mismo año, se dará fin al intento creativo de cavar una zanja como "muralla china invertida" para integrarle un límite físico al enfrentamiento con los pueblos originarios. Ese es el punto que elige el dramaturgo y director, Andrés Binetti, para montar un escenario fantástico en todas sus acepciones. La carga lingüistica de una antropóloga que, antes de comunicar, se relame en su len...

La lechera, una sola forma del amor

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  En un fantástico ejercicio de ternura, la dramaturgia de Carlos Correa con puesta en escena y dirección de Silvia Piccoli, nos embarca en las múltiples formas conocidas de aquello que llamamos amor. Dos paisanos, interpretados de forma maravillosa por Gustavo Calanni y Luis Gec, comparten sus certezas adquiridas sobre la mejor manera de cuidar una vaca. Un pájaro pícaro y donjuan — con la increíble representación de Verónica Calderón— es la voz discordante, la ausente del deseo de transformarse en propietario de ningún cuerpo.  Para hablar de dominio, la voz oculta del dominado se oye en su silencio. Aquí, la propiedad privada muge; y es en esa representación en otra especie donde la palabra juega un rol delicado y fundamental. Nuestras formas del querer, tan envejecidas como cuestionadas, tan reivindicadas como protegidas, se aislan del amor, del real, del que nos permite reconocer en el otro a uno mismo en otro cuero, al decir de Atahualpa. Imagen tan sencilla que nos perm...

Todos los días desde ese día, el largo camino del presente

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  El tiempo es una medida extraña. Hace apenas unos momentos, todos estábamos jugando en algún patio de colegio. Hace apenas otros momentos más, nos sacudimos sobre un parlante al ritmo del tecno. Como sea, de la relatividad se ha hablado lo suficiente como para poder comprender que, muchas veces, el presente se transforma en algo estático, frágil de poseer. Todos los días desde ese día, obra de teatro escrita y dirigida por Lucila Garay, nos abre la puerta a un duro interrogante: ¿Cómo pasa el tiempo de una herida? ¿Cómo se mueve el tiempo sin reparaciones?  Desde una acción cotidiana, los personajes —muy bien interpretados por Tati Manzelli y Luciano Calegari— nos permitirán reflexionar sobre la inquietante impunidad sobre la cual se asientan cuantas violencias y tragedias cotidianas. No se habla de rencor ni de venganza, sino de ese agujero oscuro y profundo que es la ausencia de justicia. La herida abierta, sangra. No necesitamos cubrir la sangre con velos, sino todo lo co...