Con viento y marea, la tarea y el debate

 



La inefable Ley Bases que soporta este país, votada en impecable democracia, permite la "fusión o modificación de funcionamiento y rango" sobre los organismos de cultura. De inmediato eso puso en la mira a nuestros organismos de fomento cultural: el INCAA, la CONABIP, el INT, entre tantos.

El Insitituto Nacional del Teatro tiene apenas 30 años, hijo de la Ley Nacional del Teatro, y vetado por el entonces presidente, tío de su sobrino, se impone su creación desde la resistencia de la comunidad teatral. Desde entonces hasta la Ley Bases, ha servido para fortalecer y propiciar el surgimiento de salas para el teatro independiente, ese pariente que se arregla (y hace uso y disfruta) con una carpa pero busca su propio cuarto. A diferencia de las consideraciones gubernamentales, el teatro independiente argentino sigue siendo el líder indiscutible hasta para Google y sus ránkings. Y esa propia existencia es un ejercicio indiscutible del resistir. Las acciones encuentran reacciones, y en este caso de una calidad reconocida en todo el mundo.

Con viento y marea, el nuevo libro de Julio Cortés, originalmente una columna del programa de radio El grito del Teatro, busca un plus interesante: incorporar a esa resistencia las voces de quienes defienden con todo este cuerpo físico, político, al teatro independiente desde la costa atlántica. Los y las que fundan bibliotecas de textos teatrales, investigadores e investigadoras del arte con reconocimientos internacionales, grupos con más de cuarenta años de trabajo, un colectivo heterogéneo y riquísimo de producción artística que, como bien nombra el autor, es con el viento y la marea que persiste creando. Y cada uno, cada una, es respetado en su decir, en aquello que observa, y aunque esta es una condición necesaria de la entrevista, cobra un sentido más profundo cuando la coralidad se presenta para el debate. La inserción de estas voces ocurre desde la multiplicidad de experiencias, de recorridos, de búsquedas estéticas, de posiciones políticas, como una asamblea, donde el autor también aporta su posición, no finge una supuesta neutralidad. El libro es también una propuesta dentro de ese debate, una discusión con una región donde el autor llama a repensar una detallada cantidad de problemas que, aunque se compartan con el país, se reconocen en su peculariedad, y a una acción concreta: la puesta en pie de un sindicato.

Más allá de las tareas que uno realice, y sin ser imprescindible la dedicación al teatro, Con viento y marea abre la ventana a esta cercanía con un mundo creativo y político que se produce en comarcas donde la vida luego de las vacaciones parece un misterio. En territorios distintos a este bullicio porteño, el libro se parece más a una fogata amable, la búsqueda de detenernos un momento entre la batalla y el hacer para pensar, juntos, una salida a esta barbarie.



Con viento y marea, Julio Cortés



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